Por estos días, los protagonistas del alperovichismo bien podrían representar una fábula infantil. Sonrisas hacia fuera; desencuentros, engaños, intrigas y desconfianza por lo bajo. Aún más, a casi cinco meses de las elecciones los personajes parecen sacados de una página de "El Gato con Botas". Y entrando de lleno en el juego de la ficción, si el gobernador, José Alperovich, es el molinero que debe dejar su herencia, a los ministros del Interior, Osvaldo Jaldo; de Gobierno, Edmundo Jiménez; y al senador Sergio Mansilla no les quedaría grande el papel de los tres hijos que se pelean por el reparto de esa herencia.
Aunque parezca cierto, nada de lo que aquí ocurra hasta el final de las elecciones será real. Porque aunque todo el oficialismo camine hacia un mismo destino (inflar las urnas con votos a favor de la reelección de Alperovich), los principales dirigentes siguen senderos diferentes para llegar a una misma dirección. A decir verdad, aunque el Gobierno se empecine en mostrar que nada pasa, lo concreto es que el alperovichismo atraviesa su momento de mayor tensión política.
De cuento en cuento
Hace exactamente una semana, el verde de las montañas de Raco sirvió para aclarar el rojo de una reunión a la que asistieron todos los que tienen pase libre por el primer piso de la Casa de Gobierno. En la residencia del director del Registro Civil, Dante Loza, el gobernador aprovechó para pedirles que se abstrayeran de la pelea política. En realidad, aunque haya recurrido a un lenguaje infantil, Alperovich intimó a los revoltosos a que bajen las armas. "No entremos en la pelea que nos proponen los de afuera", dicen que, con tono paternal, sugirió.
Pero aquí es en donde el cuento varía según quien lo lee. Porque en el tándem Mansilla-Jaldo dan una versión un poco más terrible del sermón, que incluye hasta algunos "chancletazos" verbales del gobernador al cuestionado ministro de Gobierno. En cambio, la lectura de los seguidores de Jiménez es mucho más armónica; en realidad, el que cuentan en su entorno es un cuento tan tierno que uno acaba pensando que "Pirincho" bien podría representar a la Cenicienta.
Ni uno ni lo otro. Es que si bien Alperovich públicamente le baja el tono a la pelea descarnada que desató el acople, es consciente de que será inevitable y que adquirirá más virulencia con el paso de los meses. Incluso, él fomenta ese canibalismo. Simplemente, porque cuantos más dirigentes trabajen territorialmente bajo su cobijo, más votos obtendrá en los comicios de agosto. De eso, además, se jactan los tres herederos del molinero para, en lugar de calmar la lucha, intensificarla.
Las próximas semanas pueden arrojar evidencias concretas de esta trituradora que puso en marcha el alperovichismo. Salteando algunas páginas, se puede leer que la historia le interpone un tropezón a Marcelo Caponio, el socio político del ministro Jiménez, en el estratégico cargo de apoderado del Partido Justicialista, casualmente antes de una elección.
El argumento infantil para dudar sobre la continuidad de Caponio como velador de los intereses de la lista oficial es que bajó al barro de la campaña. Es cierto, el secretario de Gobierno encabezará la lista de legisladores por el acople "pirinchista" de capital. "Si es candidato de un acople, qué garantías tenemos los demás candidatos de que cuidará nuestros votos tanto como los suyos", se lee en una hoja ilustrada con la cara del ministro de Gobierno ya no tan sonriente. También, sugiere la fantasía que el gobernador ya imprimió los carteles con los requisitos para encontrar al reemplazante de Caponio: "se busca abogado, peronista, y que conozca -y mucho- de cuestiones electorales", puede leerse por todo el bosque. Al ver el aviso, algunos recordaron que el presidente del club Atlético Tucumán, Mario Leito, reúne esas exigencias. Incluso, que tiene antecedentes laborales para exhibir en el rubro: fue apoderado peronista en la época del mirandismo. El problema es que que habrá que leer hasta el final del cuento para saber por quién se inclina Alperovich.
Más allá de la ficción
En realidad, la fantasía del acople esconde una lucha mucho más trascendente en el oficialismo: la de la sucesión. Mansilla, Jaldo y Jiménez saben que esta sea quizá la última oportunidad que se les presente para acomodarse en el posjosesismo.
Los que miran pasar los dardos en la Casa de Gobierno sugieren que mientras los legisladores que "coloquen" Mansilla y Jaldo serán de fiar; habrá que ver cómo responden los que lleguen a la Cámara de la mano de "Pirincho". La duda no es menor, porque si Alperovich orilla los 500.000 votos nuevamente, quién se opondrá a que avance por una reforma constitucional que le habilite la reelección indefinida. Llegado el caso, entonces sí pesarán como yunques los votos de los acoplados. Y Jiménez, en esa batalla, será clave.
Con la hoja en blanco
Mientras el alperovichismo avanza con su fábula, el cuento de la oposición permanece en blanco. Las páginas se llenan con historias del oficialismo y los dirigentes que aspiran a suceder al Gobierno apenas si atinan a leer un par de hojas cada noche. Y así pasan los días, dando vuelta páginas en las que ni siquiera aparecen. De hecho, hasta podría ponerse en duda si están dispuestos a escribir un capítulo propio. Aún están a tiempo de empezar a contar su historia a los lectores.
Pero hasta que eso ocurra, Jaldo, Mansilla y Jiménez seguirán siendo los protagonistas de un relato que escribió Alperovich para, en unos cuantos meses, asegurarse un final feliz y así decir "colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado".